América Latina poniendo
los muertos
POR JORGE RAMOS
Columnista sindicado
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08/01/08. Cuando oigo hablar
sobre los muertos por la lucha contra el narcotráfico
en México es como un déjà vu. Me
recuerda lo mismo que decían en Colombia durante
los años noventa: que Colombia ponía los
muertos y Estados Unidos los consumidores de drogas.
Más de 4,000 personas han muerto por la violencia
en México desde que el presidente Felipe Calderón
tomara posesión el primero de diciembre del 2006,
según cifras de la Secretaría de Seguridad
Pública. Una de las prioridades de Calderón
ha sido enfrentarse a los cárteles de las drogas
en México. Pero México no puede hacerlo
solo.
“El narcotráfico (...) obedece fundamentalmente
a un hecho clave: El mercado americano de drogas es
el más grande del mundo”, dijo Calderón
recientemente. “La batalla que está librando
México todos los días cobra la vida de
policías mexicanos, no obstante que la mayoría
de los consumidores son americanos.”
Los que están muriendo ahora en los estados fronterizos
de Chihuahua y Sinaloa son, casi todos, mexicanos. Y
los que están comprando y consumiendo la cocaína
(que sale de Bolivia, Perú y Colombia, y que
pasa por México y Centroamérica) son en
su mayoría estadounidenses.
El año pasado se enviaron 1,421 toneladas de
cocaína de Latinoamérica a Estados Unidos
y Europa, según cifras del Gobierno de Estados
Unidos publicadas por el diario “The New York
Times”. Casi 40 por ciento más que en el
2006.
Lo que hoy dice Calderón es lo mismo que antes
decían los ex presidentes colombianos César
Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana. Y
aún sigue siendo un misterio, o una gran hipocresía,
que en México y en Colombia se hayan identificado
grandes cárteles (del Golfo, de Medellín...)
y líderes de las drogas, llámense Pablo
Escobar o los Arellano Félix, y que no tengan
sus equivalentes en Estados Unidos.
La guerra contra el narcotráfico en América
Latina se está perdiendo, en parte, porque el
consumo de cocaína en Estados Unidos se ha mantenido
constante.
“Alrededor del 2.5 por ciento de los estadounidenses
usaron cocaína al menos una vez en el 2006, el
mismo porcentaje que en el 2002, según el Departamento
de Salud de Estados Unidos”, reveló un
editorial reciente del periódico “The New
York Times”. Y hay más.
El mismo diario, citando un estudio de la Universidad
de Michigan, asegura que el 5.2 por ciento de los estudiantes
de high school del grado 12 usaron cocaína el
año pasado. Un considerable aumento frente al
3.1 por ciento de los alumnos que consumieron cocaína
en 1992.
Estas son muy malas noticias para América Latina.
Si muchachos estadounidenses de 16 y 17 años
están consumiendo más cocaína que
los jóvenes de hace dos décadas (y convirtiéndose
en adictos), entonces los narcotraficantes encontrarán
la forma de hacerles llegar esa droga desde el sur.
Y eso significa más violencia y más muertos
en Latinoamérica.
Este no es un problema que se resuelve sólo con
dinero, luchando contra la corrupción y adiestrando
mejor a los agentes antidrogas. Los planes Colombia
y Mérida, que inyectan miles de millones de dólares
del presupuesto estadounidense a la región, tendrán
un efecto muy limitado si no se reduce el número
de consumidores de drogas en Estados Unidos.
En una entrevista reciente con el candidato presidencial
demócrata, Barack Obama, me dijo que había
que reducir el consumo de drogas en Estados Unidos como
un asunto de salud pública. Cualquier republicano
puede coincidir con Obama en este punto. Sin embargo,
lo que no está muy claro es lo que Obama o John
McCain, el candidato republicano a la presidencia, harían
en concreto para que haya menos jóvenes estadounidenses
que consuman cocaína y otras drogas, una vez
que cualquiera de los dos llegue a la Casa Blanca.
Y mientras no haya dentro de Estados Unidos una estrategia
antidrogas mensurable y confiable, que tenga un efecto
contundente e irreversible entre los consumidores más
jóvenes, América Latina seguirá
poniendo los muertos y pensando que ésta es la
guerra del nunca acabar. Narco-déjà vu.
Jorge Ramos es ganador del
premio Emmy, autor de seis libros
y conductor del Noticiero Univision.
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