Ingrid después del infierno
POR JORGE RAMOS
Columnista sindicado
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07/18/08. Estoy muy cansada”,
me dijo Ingrid Betancourt, vía satélite
desde París, antes de comenzar la entrevista.
Y se notaba. Daba la impresión que llevaba varios
días sin dormir bien. Había desaparecido
esa alegría y entusiasmo que le vimos poco después
de su rescate de la selva colombiana el 2 de julio.
Era irónico pero, mientras veía su imagen
a través de un monitor, pensé que un par
de semanas en libertad, hablando incansablemente en
entrevistas, eventos políticos y volando de Colombia
a Francia, habían afectado más su vitalidad
que los seis años y 140 días que pasó
secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC).
La noche anterior se había desmayado después
de una entrevista. Pero ella no paraba. ¿Por
qué lo hace?
“Yo creo que hay una necesidad de luchar por los
que quedan en Colombia”, aclaró, al referirse
a los más de 700 secuestrados que aún
están en poder de las FARC. “Pero también
quiero confesarte que todo esto ha sido muy intenso
para mí. Estoy muy cansada. Necesito ya tiempo
para mí, para echar raíz; tengo que construir
una vida.”
Le pregunté sobre su cabellera. No es un asunto
frívolo. El largo de su pelo está cargado
de simbolismo. Ella ha dicho que cada centímetro
de su cabellera es un centímetro de dolor.
“Tiene un valor simbólico porque cuando
yo estaba en la selva no me podía cortar el pelo;
primero porque no tenía tijeras”, explicó,
mientras mostraba frente a las cámaras una larga
cola de caballo que suele cubrir casi toda su espalda.
“(Mi pelo) es como un reloj biológico,
es como una marca que indica el tiempo pasado en otro
planeta, que es el planeta del sufrimiento. Mientras
que haya personas viviendo ese mismo horror en esa misma
selva, tengo que dejar que siga corriendo el registro
del tiempo”.
Para Ingrid, la selva es el infierno. Es dolor físico.
“Yo llevaba seis años, cinco meses, en
que todos los días me dolía algo, todos
los días físicamente estaba siendo picada
por algún bicho, me rascaba en algún sitio,
me dolía alguna parte de mi cuerpo”, recordó.
Pero más allá de las tarántulas,
serpientes y escorpiones de la selva, el infierno para
Ingrid eran, también, sus captores: “Ese
horror de horrores, esa presencia hostil, de arbitrariedades,
de crueldad diaria, de refinamiento de la maldad”.
A pesar de lo anterior, Ingrid quiere dejar algunas
cosas en la selva. Cuando Larry King, de CNN, le preguntó
si ella había sido abusada sexualmente por las
FARC, o sobre una enredada versión respecto al
bebé de la ex rehén Clara Rojas, quien
nació en la selva, ella prefirió no contestar.
“¿Por qué no contar la historia
completa?” le pregunté. “¿Por
qué no contar exactamente cómo operan
los guerrilleros de las FARC?”
“Yo sé que tengo que dar testimonio, que
hay cosas que tengo que contar”, reconoció.
“Lo único que quiero decir es que necesito
tiempo, que todavía hay cosas que tengo que decantar.
Una de las cosas que aprendí es que soy una mujer
frágil. Algún día tendré
el valor de contarles cosas”.
Poco después de ser liberada, Ingrid viajó
a la capital francesa. Y ahí cambió las
libélulas de la selva por las luces de París,
el olor del lodo por el de los perfumes y hoteles, y
un río por una regadera con agua caliente que
le dolió al caer sobre su piel la primera vez
que se baño tras su secuestro.
“¿Usted tiene miedo que alguien la quiera
matar?”, le pregunté, tras apuntar su rápido
traslado a París. “¿Las FARC o alguien
la quieren matar?”
“Yo de eso no sé”, contestó.
“Lo único que yo sí sé es
que tengo que ser prudente. Por mí murieron soldados
tratando de rescatarme”.
Conocí a Ingrid Betancourt el 15 de enero del
2002, 38 días antes de ser secuestrada. Era candidata
presidencial pero estaba visitando Miami para promover
su libro “La rabia en el corazón”.
Pero la rabia que en aquel momento demostró en
contra del también aspirante presidencial, Álvaro
Uribe, había desaparecido.
En esa entrevista del 2002 Ingrid Betancourt me dijo
lo siguiente sobre el actual presidente colombiano:
“Álvaro Uribe es el candidato de los paramilitares.
Yo diría que Álvaro Uribe tolera los asesinatos
en Colombia como un método de enfrentar a la
guerrilla”.
“¿Usted sigue pensando lo mismo de Álvaro
Uribe?” le pregunté sobre el mandatario
quien autorizó la Operación Jaque, liberándola
a ella, a tres norteamericanos y a 11 soldados y policías
colombianos.
“Hoy Álvaro Uribe representa la voluntad
de Colombia”, dijo, sobre el mandatario elegido
en el 2002, reelegido hace dos años y que, quizás,
pudiera buscar un tercer período presidencial.
Yo creo que él ha acertado en devolverle a los
colombianos la sensación de que su vida familiar
está en seguridad y yo creo que eso ha permitido
la maduración de la nación colombiana”.
Y para quienes creen que Ingrid salió muy “uribista”
de su cautiverio, aquí están sus opiniones
sobre el presidente de Venezuela:
Y luego continuó: “Creo que (Chávez)
tiene una palabra que se hace oír en todo el
continente. Yo sé que lo que él diga es
importante para los miembros de las FARC. Muchas veces
lo que dice Chávez conmociona a la guerrilla,
porque no les gusta que les digan cosas. Yo siempre
he pensado que la guerrilla colombiana es autista; no
les gusta sino oírse a sí mismos.
La pregunta pendiente es si Ingrid Betancourt quiere
ser presidenta de Colombia. Las encuestas recientes
sugieren que podría lograrlo en el 2010. Pero
ella no ha tomado ninguna decisión al respecto.
“Para mí, después de estos siete
años de cautiverio, eso no es una prioridad”,
afirmó.
Al final de la entrevista de casi 20 minutos, Ingrid
estaba claramente fatigada. Hacía pausas para
tomar aire y para encontrar las palabras. Pero terminó
contándome que estos últimos días
ha dormido en París con sus dos hijos, Lorenzo
de 19 años y Melanie de 22, a su lado.
“He dormido poquito estos días”,
reconoció. “Y cuando ellos están
dormiditos, al lado mío y veo en sus caras eso
que queda de ellos de niñitos es muy hermoso”.
Esa cama en París, durante esas pocas horas de
sueño junto a sus hijos, es el nuevo refugio
de Ingrid tras haber salido del infierno.
Jorge Ramos es ganador del
premio Emmy, autor de seis libros
y conductor del Noticiero Univision.
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