Con celulares y sin democracia
POR JORGE RAMOS
Columnista sindicad
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07/25/08. Cuba está
cambiando. Pero no necesariamente como muchos quisiéramos.
Ya no está Fidel, pero está Raúl.
Los cubanos ya tienen permiso para comprar celulares,
pero no tienen dinero para hacerlo. También pueden
adquirir computadoras, pero no los dejan usar libremente
Internet. Y aquel que se atreva a cuestionar al régimen
corre el peligro de terminar en la cárcel.
Los cubanos ya pueden entrar a los hoteles que usan
los extranjeros y es muy posible que quiten algunas
de las restricciones para alquilar y vender sus casas
y apartamentos. Y el tema que más expectativa
ha generado es el de salir del país sin solicitar
permiso del Gobierno.
Todo forma parte de lo que el profesor Brian Latell,
de la Universidad de Miami, llama “la descompresión
económica y social con promesas de mayores cambios
estructurales y conceptuales”.
Raúl Castro está apostando a que los cubanos
quieren cambios concretos en su vida diaria, más
que cambios ideológicos. Es una apertura económica,
al estilo chino, sin cambios políticos. Hay aparatos
de DVD y grabadoras pero no democracia ni libertad de
expresión.
Hace poco tuve la oportunidad de conversar con cuatro
jugadores del equipo olímpico cubano de fútbol
que decidieron quedarse en Estados Unidos el pasado
primero de marzo, cuando jugaban en un torneo en Tampa,
Florida. Son muy jóvenes. Ninguno pasa de los
25 años. Y sus principales preocupaciones son
bien terrenales.
“Futbolísticamente queríamos llegar
a un nivel profesional”, me dijo Loanny Cartalla,
a quien le gustaría jugar en el equipo Milán
de Italia. Su compañero Yordany Álvarez
preferiría quedarse en la liga norteamericana
(MLS) donde juega el británico David Beckham.
Internet es una realidad para millones de jóvenes
en el mundo. Pero no lo era para ellos.
“Por lo menos yo no tenía (Internet) en
mi casa”, me comentó Yernier Bermúdez.
“Una hora de Internet en Cuba cuesta tres o cuatro
dólares”, añadió José
Manuel Miranda, “y en Cuba el salario de nosotros
era ocho dólares al mes”.
Los cuatro reconocieron muchas restricciones a su vida
en Cuba.
“Raúl no va a cambiar nada”, afirmó
Miranda. “El pueblo cubano sabe que va a seguir
siendo la misma política”, pero la política
no parecía ser su principal preocupación.
Había otras cosas más urgentes que los
hicieron quedarse en Estados Unidos.
Y eso mismo es lo que espera el nuevo/viejo régimen
castrista con los cubanos dentro de la isla: que la
reducción de las presiones en su día a
día sea suficiente y no exijan mayores cambios
políticos y en la cú-pula del poder.
El truco raulista es extender la vida de la dictadura
haciéndole la vida más fácil a
los 12 millones de cubanos. Pero eso no elimina en absoluto
el carácter represivo del régimen.
Un ejemplo: cuando hace unas semanas salieron a protestar,
cerca de las oficinas de Raúl Castro, las llamadas
Damas de Blanco, rápidamente fueron detenidas
y subidas por la fuerza a un autobús que las
regresó a sus casas. Ahí fueron sometidas
al típico “acto de repudio” por parte
de seguidores del Gobierno.
Lo único que pedían era la libertad de
55 presos políticos que desde hace cinco años
languidecen en la cárcel. Cuba, es cierto, firmó
en febrero un nuevo acuerdo con la Organización
de las Naciones Unidas para respetar los derechos humanos.
Y poco después ya lo habían violado varias
veces.
Otro ejemplo. A la periodista digital, Yoanni Sánchez,
que ganó el premio Ortega y Gasset, no se le
permitió viajar a España a recibirlo.
Su blog, “Generación Y”, muestra
críticamente la realidad cubana.
“Las reformas que se han hecho han sido más
bien superficiales”, le comentó Yoanni
a la televisión española.
Si fueran más profundas, Yoanni podría
entrar y salir de Cuba a su gusto.
Le pregunté a Thomas Shannon, el subsecretario
de Estado norteamericano para asuntos de América
Latina, si los cambios en Cuba motivarían un
levantamiento del embargo estadounidense contra la isla.
“No son suficientes”, me dijo Shannon. “Cualquier
apertura, en una sociedad cerrada como es Cuba, es importante.
Pero lo más importante es que (el cambio) sea
más audaz, que realmente busque una manera de
abrir un diálogo dentro de la sociedad cubana
con el régimen cubano”.
Eso no ha ocurrido.
La idea es que los cubanos tengan los mismos derechos
que, digamos, los panameños de entrar y salir
de su país y de vivir en una democracia representativa.
Pero si nos basamos en lo que me dijo recientemente
el presidente de Panamá, Martín Torrijos,
los verdaderos cambios en Cuba no van a ocurrir por
presiones externas.
“Al final de cuentas le corresponde a los cubanos
determinar mucho de lo que sucede en su país”,
me dijo Torrijos, cuyo Gobierno restableció relaciones
con Cuba en el 2004. “Creo que es facultad de
los cubanos decidir su futuro, su forma y estilo de
Gobierno”.
El problema con esa declaración es que actualmente
los cubanos no tienen la facultad de decidir su futuro
ni estilo de Gobierno. Eso lo determinan exclusivamente
dos personas: los hermanos Castro. Y para quien se oponga:
cárcel. Así de fácil. Claro, ahora
sí pueden comprar celulares. Pero no se puede
construir una democracia a base de celulares.
Jorge Ramos es ganador del premio
Emmy, autor de seis libros y
conductor del Noticiero Univision.
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