Un bautismo comienza un viaje
cultural
POR YVETTE CABRERA
Columnista de Excélsior
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YVETTE CABRERA
/ Columnista de Excélsior |
06/06/08. Hace casi 50 años,
en la ciudad de Pénjamo Guanajuato, Margarita
Ávila guardó las pertenencias más
importantes de la familia, tomó a sus hijos y
emigró a los Estados Unidos para reunirse con
su esposo, Salvador Ávila, un bracero.
Entre sus pertenencias estaba una de las cosas que Margarita
guardaba con más celo, un delicado mantel que
estaba decorado con flores rojas y azules creadas con
punto de cruz por una residente de Pénjamo. Esta
era una arte que Margarita también aprendió,
como todas las jóvenes de esos tiempos.
Una vez en Estados Unidos, Margarita guardó su
mantel en un cajón para concentrarse en lo que
siempre consideró lo más importante de
su vida: su familia.
“Para ella, ser una buena madre era el valor más
grande que una mujer puede tener. Podíamos tener
un negocio, podíamos lograr lo que quisiéramos,
pero ser madre era lo más importante”,
dijo la hija de Margarita, María Elena Ávila,
dueña del restaurante Ávila’s El
Ranchito.
Así que en 1966, cuando la familia Ávila
decidió abrir su primer restaurante en Huntington
Park, fue Margarita quien se encargó de la cocina,
pasándose el tiempo cerca de la estufa hirviendo
chiles, sopas y ollas de frijoles.
“Mami pensaba que si trabajabas duro, puedes lograr
cosas”, dijo María Elena quien colocó
una fotografía de Margarita en los menús
de su restaurante en honor a su madre.
Fue esta la fuerza que ayudó a María Elena
a vencer los tiempos difíciles y la que la inspiró
a perseverar cuando se convirtió en madre soltera
para su hija Lisa. Así que cuando hace unos meses
Margarita sufrió una embolia María Elena
fue a su lado inmediatamente.
Dos meses antes de que esto ocurriera, Lisa se había
dado cuenta de que estaba embarazada del primer bisnieto
de Margarita. Pero nadie sabía si Margarita sobreviviría
para verlo. En el silencio de la habitación del
hospital, María Elena rezaba para que hubiera
un milagro y para que su mami pudiera ver el bautismo
de su bisnieto.
Así que cuando Margarita fue dada de alta del
hospital, aun frágil, María Elena comenzó
a planear el bautismo de su nieto Andrew Luis o Andresito
como ella lo llama. Lo que comenzó como una simple
conversación acerca de los planes para el bautismo
se volvió todo un descubrimiento acerca del pasado
de Margarita.
Todo comenzó con sus manteles de punto de cruz.
Cuando María Elena buscó manteles que
podría usar para el bautismo encontró
el que su madre había guardado cuidadosamente
durante casi 50 años.
“El bautismo me ayudó a entender toda esta
arte que estaba en la casa de mis padres: La historia,
la obra de arte que casi se ha perdido en México
porque la nuevas generaciones no tienen paciencia para
este tipo de trabajo”, dijo María Elena.
“Me doy cuenta de que tenemos que enseñarles
esta belleza a nuestra cuarta generación porque
nosotros vivimos aquí en el condado de Orange
y no queremos que él (Andrew) pierda esas historias”.
Los meses antes del bautismo estuvieron llenos de visitas
a la casa de Margarita, donde le decía a María
Elena todo lo que necesitaba para que el bautismo fuera
lo más auténtico posible. Desde los bolos
y el mole que María Elena hizo siguiendo la receta
de su abuela.
También descubrió que su madre sabía
hacer papel picado, una arte que aprendió en
Pénjamo en donde las jóvenes lo hacían
para socializarse y crear decoraciones antes de las
fiestas.
“El papel picado se volvió algo importante
para el bautismo”, dijo María Elena. “Hasta
nuestros empleados, que son mexicanos, no podían
creerlo porque no habían visto arte de este tipo
en tantos años”.
“Andresito definitivamente va a aprender a estar
orgulloso de su cultura”, dijo María Elena.
“Porque su abuelita nena no dejará que
se olvide de sus raíces”.
Yvette Cabrera es presidenta de la Asociación
de Noticias Chicanas de California y escribe acerca
de la comunidad latina en el condado de Orange.
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