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La ciudad de los muertos

Columnista sindicado
 
   
CIUDAD JUAREZ Llegué pocas horas después de que mataran al jefe de la policía. Juan Antonio Román García, el director de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, fue asesinado frente a su casa en la madrugada de un sábado. No habían dado todavía las 2 de la mañana. Lo tenían bien cazado. No tuvo la menor posibilidad de sobrevivir. Le dispararon 60 veces.

Si en Ciudad Juárez pueden matar sin ninguna consecuencia al jefe de la Policía local, entonces nadie está seguro. Los matones escaparon en dos camionetas, según reportes de prensa. Sin embargo, nadie tiene la mínima esperanza de que los vayan a capturar. En México la mayoría de estos crímenes quedan impunes.

Odio usar el cliché garcíamarqueziano, pero esta muerte (como muchas otras en Ciudad Juárez) estaba más que anunciada. Aquí han matado a tantos policías que hasta hay un monumento para ellos, el Monumento al PolicíaCaído (localizado en una calle que lleva el nombre del cantante Juan Gabriel).

Y fue ahí precisamente donde a finales de enero apareció una cartulina con los nombres de los policías que estaban en la mira de los narcos. Román era el número uno en esa lista. Fue asesinado 106 días después que anunciaran su muerte. Otros han durado mucho menos.

La violencia que antes estaba limitada a ajustes de cuentas entre narcotraficantes se ha extendido a toda la población. Taxistas, turistas y transeúntes han muerto recientemente sin deberla ni temerla. Estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. El problema es que Ciudad Juárez se ha convertido en el lugar equivocado.

Lo que actualmente se está viviendo aquí es una guerra entre el cartel de los Carrillo Fuentes, que ha controlado durante toda una generación el mercado de las drogas en esta frontera, contra el cartel de Sinaloa (que busca otras rutas hacia el norte). Y como si esto no fuera suficiente, el cartel del Golfo ronda expectante ante la posibilidad de colarse en el área. El conflicto tripartita se mide en ejecuciones y muertos.

La verdad, aunque duela, es que ni el Gobierno del presidente Felipe Calderón, ni los del estado de Chihuahua y el de Ciudad Juárez controlan la situación. El despliegue de miles de miembros del ejército y de la Policíafederal es bienvenido pero no ha sido suficiente.

“No podemos estar en todos lados”, me dijo un Policíafederal, que llevaba dos meses destacado en Ciudad Juárez, protegido con un chaleco antibalas y un rifle cuyos proyectiles, según me explicó, podían traspasar una pared a 1 kilómetro de distancia. “No se va a poder erradicar la violencia”.

“Si ellos no nos disparan, nosotros no les disparamos”, me confió otro de sus compañeros al referirse a un especie de pacto con los narcotraficantes. Me quedé con la impresión de que el ejército y la Policíasólo estaban reaccionando a un fenómeno que, claramente, los ha rebasado.

Leer El Diario o PM es como una maratón de nota roja. Y no es que sus editores lo hagan para vender más periódicos. Es la sangrienta y peligrosa realidad que tienen que reportar todos los días. Estos son unos titulares de un día común y corriente: “Balean a madre en su día”, “Muere otro en asalto”, “Le truenan las metrallas frente a primaria”, “Trastoca la violencia operación de hospitales” e “Intensifican alerta roja por crímenes contra policías”.

El Diario reporta que “ya son 17 los oficiales de los diferentes cuerpos de seguridad que han sido ejecutados en esta frontera en el 2008, en comparación con los 14 que se registraron durante todo el 2007”. Y eso que apenas es mayo.

Nadie lleva la cuenta completa de los muertos, pero la agencia de prensa AFP calculó que en la última semana hubo más de 100 asesinatos vinculados al narcotráfico en todo México y, según el Gobierno, alrededor de 1,000 en lo que va del 2008. De continuar así, en menos de un año habrá más mexicanos asesinados por el narco que soldados norteamericanos muertos en los cinco años de guerra en Irak.

Todos aquí tienen una historia que contar: el vendedor de autos que vio cómo degollaban a su vecino frente a la mirada atónita de su niña de 4 años de edad; el taxista que escucha disparos todas las noches en su ruta; los dos visitantes que creen oír fuegos artificiales y poco después se dan cuenta que se trataba de dos ejecuciones a una cuadra de donde estaban.

La culpa, desde luego, no es sólo del lado mexicano. La guerra de los carteles de la droga se da por el enorme consumo en Estados Unidos.

“Si no hubiera consumo aquí (en Estados Unidos)”, me dijo recientemente en una entrevista la embajadora colombiana en Washington, Carolina Barco, “tampoco habría producción y viceversa”.

Y ella lo sabe como pocos. México está viviendo ahora lo que Colombia vivió en la década de los noventa. Y la realidad es que México no estaba preparado para enfrentar un reto de estas dimensiones. México es un país de tránsito de drogas hacia Estados Unidos. Y Ciudad Juárez, con sus puentes y desierto, es el lugar perfecto para tratar de meter drogas a Estados Unidos. Por eso se lo pelean los carteles.

En esta ciudad, donde unas 400 mujeres han sido secuestradas, violadas y asesinadas en los últimos 15 años (y otras tantas siguen desaparecidas), hay un vacío de autoridad que ahora llenan los narcos. La violencia no se ha detenido. Y ahora toma nuevos cauces. Un militar retirado será el nuevo jefe de la Policíaen Juárez. A ver si así cambian las cosas.

Sé perfectamente que la gran mayoría de los habitantes de Ciudad Juárez son pacíficos y odian la violencia que les rodea. Muchos se quejaron conmigo de la mala fama que tiene su ciudad. Pero hoy, aunque lo sientan injusto, Juárez es vista desde fuera como la ciudad de los muertos.

Jorge Ramos es ganador del premio

Emmy, autor de seis libros

y conductor del Noticiero Univision.
 
 
 
 
 
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