CLIMA
TRÁFICO
MAPAS
 

Portada / Actualidad


Pasando del amor al abuso
Para algunas jóvenes el romance puede ser un juego de abuso físico y emocional

Especial para The Orange County Register
 
   
Sobre la cama de Jaclyn Rivera cuelga una imagen que simboliza los pensamientos y el renacimeinto de la joven artista.
(Cindy Yamanaka/The Register)
07/04/08. Yo miraba mientras le ponía balas a la pistola que había comprado de las manos de un pandillero.

“¿Por qué tienes eso?”, le pregunté.

“Porque puedo”.

Su respuesta fue tan simple y aun así tan poco satisfactoria.
Eso fue al principio de mi último año de preparatoria.

La preparatoria en Rowland Heights era perfecta. Las clases eran fáciles y yo estaba terminando mi tiempo como oradora del cuerpo estudiantil. Pero aun así, ese último año fue difícil, y no precisamente a causa de clases o calificaciones.

Mientras los demás estudiantes se preocupaban por juegos de futbol y fiestas de graduación yo me preocupaba por el muchacho con el que entonces salía y dónde escondería él sus armas.

Nos conocimos en nuestro segundo año en la preparatoria durante la clase de inglés. Él era el niño vago que nunca prestaba atención, yo era la niña que se sentaba junto a él. Algo me llamaba la atención y estaba desesperada por conocerlo.

Pasaron dos años antes de que nos involucráramos en una relación.

Un día me llevó a mi casa en su Ford Mustang gris de 1967. El auto estaba algo oxidado y hacía ruidos raros cuando lo aceleraban. El chavo se parecía a su auto, era frío y brusco. Pero igual que el auto, yo pensaba que lo único que necesitaba era una buena manita de gato.

Pronto me di cuenta de que sus problemas tenían raíces muy dentro. Cuando comencé a conocerlo, una parte de mí tenía lástima por él. Había crecido en una familia en donde nadie nunca le decía que lo quería. Su madre lo abandonó cuando tenía siete años, pero antes de eso su padre ya lo había dejado porque fue encarcelado. Esto lo forzó a vivir con una tía cuyas normas ? extremas causaron que él y su hermana se revelaran aun más.
Cuando lo conocí estaba tan dañado que era capaz de traer abajo a cualquier persona. Incluyéndome a mí.

Me enamoré de él inmediatamente. Abría todas las puertas por donde caminaba. Nunca tenía que gastar un centavo, ni levantar un solo dedo cuando estábamos juntos. La noche del baile de homecoming me cargó por el estacionamiento porque mis pies me dolían de tanto bailar. Las otras chicas nos miraban deseando que sus acompañantes hicieran lo mismo.
Desde ese momento nos volvimos inseparables.

Después de tres meses estaba convencida de que no podía dejarlo. Su fuerza era tanta que estaba dispuesta a seguir todos sus mandatos.

O más bien tenía miedo de lo que sucedería si no lo hacía. Primero las amenazas eran pequeñas: No hables con otros chicos de tu clase; Borra los números telefónicos de tus amigos; Deja de pasar tiempo con tus amigas y con tu familia.

En poco tiempo las únicas personas que veía eran él y sus amigos.

Siempre sabía cuando estaba enojado porque rompía los espejos de los autos con su puño. Siempre estaba rompiendo algo en su pobre Mustang los espejos, los asientos, pero como yo el auto seguía ahí.

Cuando comenzó a amenazarme con armas, supe que nunca podría irme. No solo tenía miedo de lo que me podría hacer a mí, sino de lo que se haría sí mismo. Después de lastimarme se pasaba horas llorando. Siempre ha sido difícil para mí ver a un hombre llorar y yo sentía que tenía la fuerza para cambiarlo.

Pero los celos y la falta de confianza no le permitían mejorar. No podía dejar de tratarme mal. A su cuchilla plateada le atraía mi piel.

Era bueno para lastimarme.

Después de la graduación, y con cinco amigos menos, llegué al colegio comunitario de Fullerton, donde escapé del mundo en donde nadie escuchaba mis gritos. Él fue a una escuela vocacional. Al pasar el tiempo nos fuimos separando.

Y finalmente comencé a ver la luz.

Había perdido a mis amigos y tiempo con mi familia. Ya no sabía ni quién era, sabía que tenía que dejarlo pero no sabía cómo.

Mientras manejaba a una fiesta una noche, parecía que una canción me estaba hablando directamente a mí, “es difícil darte cuenta de lo que pasa si miras hacia abajo”.

Yo había estado mirando hacia abajo por mucho tiempo, finalmente era hora de voltear mi mirada hacia arriba.

Esa noche terminé con él, esa misma noche trató de golpearme con una mesa de centro, pero esta vez me fui.

Fue la última vez que quise verlo. Y aun así pasé un año tratando de escapar.

Comenzó a ir a terapia, un día se escabulló a mi habitación y la llenó de regalos. Hasta mandaba a sus amigos a que me siguieran.
No fue hasta que cambié mi número de teléfono y dejé mi hogar cuando finalmente se fue.

Después de eso paso cada día lleno de tranquilidad y fuerza para enfrentar el mundo. Tengo grandes amigos que perdonaron mi larga desaparición y mi familia que me ayudó a pasar este obstáculo.

No me arrepiento de haberlo conocido. Fue parte de lo que me forzó a crecer. Me hizo lo que soy ahora; exactamente lo que quiero ser a la edad de 23 años. Ahora, me doy cuenta que yo logré salir de esto, y él fue la víctima.

Su pobre Mustang no tuvo la misma suerte. Lo chocó meses después de que nos separáramos.

Algunas partes fueron vendidas. Otras terminaron en el desguace, tiradas y olvidadas, como las malas memorias.

The Orange County Register pública notas escritas por lectores que cuentan algo acerca de la vida contemporánea. Rivera estudia periodismo en la Universidad estatal de California en Long Beach.
 
 
 
 
Mapa del sitio | Políticas de Privacidad | Términos legales