washington.- Jerry Falwell, tele-evangelista, fundamentalista, cristiano-sionista y
representante del alza de la derecha religiosa de EE.UU. en las últimas décadas, murió hoy a los 73 años de edad, aparentemente por un problema cardiaco.
Falwell fue encontrado inconsciente y sin pulso en su oficina en la "Liberty University", que él estableció y dirigía, y ya no recobró el sentido, según Carl Moore, su cardiólogo desde hace más de una década.
Con su muerte, los tradicionalistas morales de Estados Unidos pierden a uno de los fundadores y acicates de su movimiento, que se ha convertido en una fuerza de gran peso en la arena pública.
Falwell nunca se mordió la lengua y desde los púlpitos y los estudios de televisión habló con el sentimiento de rectitud de los iluminados, por lo que le acompañó siempre un aura de controversia.
Dos días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 Falwell dijo en televisión: "Los abortistas tienen que asumir su parte por esto, porque uno no se puede reír de Dios. Y cuando destruimos 40 millones de pequeños bebés inocentes hacemos enfadar a Dios".
"A los paganos, los abortistas y las feministas y los gays y las lesbianas, (...), a todos los que intentan secularizar Estados Unidos, les señalo a la cara y digo: 'vosotros habéis contribuido a que esto pase'", añadió.
Los comentarios provocaron reacciones muy acerbas y Falwell posteriormente dijo haberse expresado mal.
Su hijo, el Reverendo Jonathan Falwell, respondió en una carta a sus seguidores que "Satán ha lanzado una lluvia de dardos abrasadores contra papá" y acusó a los "liberales" y a los homosexuales de una campaña de calumnias contra él.
En la misiva pedía a los feligreses "un Voto Especial de Confianza para Jerry Falwell de al menos 50 o incluso 100 dólares".
No es de extrañar que Falwell haya sido ridiculizado hasta la saciedad por su boca grande, pero no sería acertado descartarlo como un radical sin representatividad, pues ha sido una presencia constante en la sociedad estadounidense durante las últimas tres décadas.
Falwell nació en Lynchburg, en el estado sudista de Virginia, en 1933. Su madre fue una mujer "de gran fe", mientras que su padre "tenía problemas con la bebida", según explicó él mismo en una larga entrevista publicada en su página de Internet.
Como el presidente George W. Bush, Falwell fue un cristiano tardío, ya que se convirtió a los 18 años, pero adoptó la fe con la fiereza de los creyentes renacidos.
Dedicó su vida a luchar contra lo que él consideró la corrupción de la sociedad estadounidense: el aborto, los homosexuales, la pornografía y los liberales.
Falwell irrumpió en la escena pública a mediados de los 70 con sermones televisados que pronto lograron audiencias de millones de personas.
Al frente de la "Mayoría Moral", una organización que creó en 1979, Falwell dio a los conservadores religiosos aspiraciones políticas, no con candidatos propios, sino con una presión cada vez más creciente sobre los políticos de este país para que adopten el lenguaje de los valores y la familia, y repudien las maldades de Hollywood.
En política exterior, Falwell se colocó en el campo de los ultra-sionistas y se opuso a cualquier desmantelamiento de asentamientos en Israel, pues como muchos cristianos evangélicos creía que la segunda venida de Jesús sería precedida por la vuelta de los judíos a la Tierra prometida.
En 1985, la revista Time le dedicó la portada como abanderado del giro a la derecha de las iglesias cristianas tradicionalistas.
El auge de este movimiento se ha producido mientras en Nueva Inglaterra, la costa Oeste y las grandes urbes en general ha aumentado la permisividad respecto a la homosexualidad, el aborto, los derechos de la mujer y el ateísmo.
Para Falwell, esto eran señales inequívocas del "colapso" moral del país.
Él ofreció la visión alternativa de una sociedad intensamente cristiana, donde referencias a los mandamientos y Dios estarían presentes en las escuelas y los edificios públicos, y se diluiría la separación de Iglesia y Estado.
En la sociedad de Falwell no habría lugar para los impíos. Dimite Paul McNulty, el "número dos" del secretario de Justicia de EU
washington.- Paul McNulty, "número dos" del secretario de Justicia de Estados Unidos, Alberto Gonzales, dimitió de su cargo, informó hoy en un comunicado el propio secretario.
Esta es la tercera dimisión que se produce en el seno del Departamento en relación al caso de los despidos de ocho fiscales generales de Estados Unidos, el pasado mes de diciembre.
La primera dimisión se produjo el pasado 12 de marzo cuando Gonzales confirmó que había aceptado la renuncia de su jefe de personal Kyle Sampson, quien estuvo en estrecha comunicación con la entonces asesora legal de la Casa Blanca, Harriet Myers, sobre los despidos de los fiscales y sus posibles repercusiones políticas.
Posteriormente, el 6 de abril, Monica Goodling, una de las asesoras más cercanas al secretario de Justicia, Alberto Gonzales, dimitió después de haber indicado que se negaría a testificar ante el Congreso sobre el despido de ocho fiscales federales.
Goodling comunicó su decisión en una carta enviada a su jefe en la que no dio una razón para su partida.
En el comunicado difundido hoy por Gonzales, el secretario de Justicia indicó que con la salida de McNulty el Departamento de Justicia pierde a un "líder dinámico y considerado".
Además, señaló que el funcionario dejará el Departamento "después del verano" tras ocho años de servicio en el mismo, aunque llevaba en el puesto de "número dos" desde marzo de 2006.
McNulty ha sido un "gestor eficaz en el día a día", asegura el propio Gonzales, que detalla los puestos y las tareas realizadas por el funcionario antes de llegar a subsecretario.
A su vez, indica que no hay duda de que Estados Unidos "se ha beneficiado de su dedicación desinteresada al buen gobierno".
"Es un extraordinario servidor público y un magnífico fiscal, valorado por mí y muchos otros en el Departamento tanto como compañero, como amigo. Le echaremos de menos", concluyó Gonzales.
Los despidos se produjeron en diciembre y el escándalo surgió al comenzar a saberse que funcionarios del Departamento de Justicia y de la Casa Blanca planearon con detalle su salida.
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